Queridos seguidores de este blog:
Hoy os envío un texto que me remite mi amigo Pablo sobre la redacción que una profesora de su instituto propuso a los alumnos de psicología sobre el psicoanálisis.
“Por lo que yo sé, el psicoanálisis es un método que fue creado por un médico austriaco a finales del siglo XIX y que consiste en la aplicación de varias técnicas que tienen como objetivo el tratamiento clínico de diversos padecimientos psíquicos de la persona.
El psicoanálisis hizo furor en el pasado siglo y tuvo multitud de adeptos. Sin embargo, hoy está en desuso, ya que el famoso diván sobre el que se reclina al paciente para que hable de todo aquello que siente, piensa o le traumatiza, conlleva que, en un gran número de casos, este termine durmiéndose.
En consecuencia, el psicoanálisis pierde su capacidad para descubrir los problemas de los enfermos. Sí trata -en cambio- sus fantasías oníricas, sus sueños. Por tanto, el psicoanálisis, tal como se conocía hasta ahora, se muestra como un rotundo fracaso.
Hay, sin embargo, una versión española de este asunto que ha sido probada en todo el mundo y es considerada en la actualidad como una de las mejores técnicas para la resolución de los conflictos y padecimientos psíquicos de una persona. El método, a pesar de su sencillez, no había sido considerado científico hasta hace relativamente bien poco.
¿En qué consiste? El médico, ante todo, ha de deshacerse de la consulta y del clásico sofá y recibir al paciente en un bar. En este lugar la atmósfera es mucho más relajada y, tanto paciente como médico, podrán iniciar la terapia de una manera más distendida y lúdica, bien sea echándose una partidilla a las cartas, a los dados, jugando a los dardos o tomándose unas cervezas si ese es su gusto. Médico y paciente pueden establecer una relación más personal, más fraternal, más íntima, más humana… Todo ello creará el ambiente necesario para lograr una mayor empatía. De este modo, ambos podrán hablar de todo con total relajación. Después de dos o tres copas más, el paciente estará totalmente desinhibido y será capaz de expresarse libremente despachándose a gusto y exteriorizando todas sus neuras y conflictos interiores. Si el médico es un profesional que sabe estar a la altura de las circunstancias, en algunos casos acompañará al paciente en la ingesta de sustancias etílicas. La catarsis, así, será bidireccional y completa”.
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