Las calles de las zonas costeras se animan
en verano. La gente se relaja, pasea tranquila, sin prisas. Se sienta en las
terrazas de los cafés, vive la vida a cuentagotas, despaciosamente, para
saborearla Y un murmullo sordo se escucha en las calles peatonales más
transitadas. A mi mujer le encanta mezclarse entre la gente para después,
cotillear. A mí, no demasiado, la verdad; pero como tiene esa obsesión casi
enfermiza por “poner un pie delante del otro”, como dice ella, casi no paramos
en casa. He intentado por todos los medios buscarle amigas con las que salir de
paseo. Más que nada para que me deje en paz, pero dice que sus amigas son muy
de “té con pastas”, del “cinquillo” y de “sillón-ball” y que eso está bien de
vez en cuando, pero que no es para todos los días y que a ella le gusta ver el
sol y la luz del día.
El caso es que yo no sé si le estoy
cogiendo gustillo últimamente o qué pasa, pero creo que me cuesta menos que
antes salir a la calle. ¿Será porque es verano? Será, será. Y lo peor de todo
es que no sé disimular y, claro, ella que es bastante observadora, ya se ha
dado cuenta de que a veces soy yo quien tiene la iniciativa. Y ya no sé si es
por fastidiar o porque prefiere salir un poquito más tarde, se me hace la
remolona. Y yo: “que se nos va a hacer tarde” y ella: “que aún es pronto y
todavía hace calor”. Total, que cuando me saca (a mí me empieza a dar ya la
neura de que soy el perrito zalamero que cuando presiente que es la hora de
pasear coge la correa y se la lleva a su amo como diciéndole: vamos, que ya toca)
no me lleva por calles concurridas por donde caminan ociosos los viandantes
mirando escaparates, charlando en reducidos grupos de tertulianos, etc. Nooo…,
se coge de mi brazo, con fuerza, para que no me escape; así, con ganas,
mientras en la otra mano sujeta el bolso o se lo cuelga del antebrazo y me dice
con suave energía, dando un tirón de arranque: “Vamos, cariño”. Y, entonces,
tira por la avenida más ancha y menos transitada en sentido inverso al centro
de la ciudad. A mí, eso, es que me desmotiva totalmente, porque no tengo
intención de presentarme a unas olimpiadas, ni quiero ganar ninguna maratón.
-“Lo que a ti te gusta es ver a las chicas
guapas, descastado. ¡No sé lo que tenéis los hombres en la cabeza! Si tenéis algo,
debe de ser un batiburrillo de hormonas”.
¡Cielos, mi mujer! Ya me ha interceptado el
pensamiento.
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