domingo, 1 de julio de 2012

     Hace muy poquito publiqué la opinión de la Susi acerca del verano. Realmente, el sexo débil –nosotros- no quedó muy bien parado. Así pues, me veo en la obligación de salir en defensa del sufrido y denostado macho ibérico.
     Mira, Susi, yo creo que la llegada del verano produce en todos nosotros cambios en las costumbres y también en el atuendo. Comprendo que aborrezcas a ese terrible “homo antecessor” colgado de la barra del vagón del metro/bus; o al inveterado metrosexual descatalogado, luciendo sobaquera y contraviniendo las normas de la ética odorífera.
     Habrás de reconocer conmigo que, en lo tocante a las mujeres, también tenéis lo vuestro. Porque, mira, aunque aquí alguien me trate de machista, tengo que defender a nuestro agraviado grupo social. No te falta razón en lo que dices, pero te has olvidado de las féminas.
     Acudir a la piscina municipal o a la playa es tropezarse con una ingente masa de egocéntricos modelitos -y otros, piadosamente, no tanto- embadurnados de penetrantes cremas pestilentes, patéticamente expuestos y achicharrados al sol, ansiosos de quedárselo para sí solos –si ello fuera posible. La rubicundez es norma general en esos cuerpos atormentados por la Santa Inquisición de la moda, santo y seña que demuestra vuestra ansia desmedida por lucir el moreno más rutilante frente a vuestras competidoras cueste lo que cueste. La elegancia no está instalada exclusivamente en nosotros. Vuestros bañadores: monopiezas clásicos, biquinis mínimos, -muy mínimos algunos- triquinis, los espectaculares biquinis “XXL” tipo braga-faja y, –en fin- otras prendas imposibles, adornan vuestros cuerpos en extraña competición por el asado personal.  
     ¿Consideras que cualquier trapillo que cubra vuestro cuerpo es digno de ser elevado a la gloria de la casa Christian Dior?  Pareos y enormes camisetas-bata sin costuras, entronizan vuestros cuerpos. Las de lunares y rayas son, verano tras verano, número 1 en el “Hit Parade de la moda” de playas, piscinas y lugares aledaños.
     Como tú  bien apuntabas en tu anterior entrada, que Dior nos libre de tanta hortera.
     Amén.

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