domingo, 16 de septiembre de 2012

     Hace unos días la Susi vino de lo más divertida de la piscina. Había entablado amistad en el vestuario con una viejecita muy simpática y agradable, según parece. La conocía de antiguo, pero su contacto con ella no había pasado de un cortés “buenos días” y poco más. Sin embargo, parece ser que se encontraban las dos a solas en ese momento y a aquella venerable señora le dio por soltarse el pelo y comenzó a contarle cosas.
   Según le dijo, tenía 76 años –muy bien llevados, por cierto- y estaba casada. Su marido no participaba del interés deportivo de su señora, que deseaba llevar su vejez lo más en forma posible y que estaba decidida a morirse con una salud de hierro cuando le llegara su hora.
     Los hijos parece ser que vivían en Holanda y el matrimonio disfrutaba de su jubilación en España desde hacía unos cuantos años.
     Ella era una mujer pequeña, menuda, de pelo muy blanco y corto, y con pocas arrugas en la cara. Su aspecto sólido indicaba que llevaba una vida de ejercicio. Tenía un marcado acento extranjero.
    Dice la Susi que la abuela le recordaba muchísimo a la actriz Estelle Getry, que interpretaba el personaje de Sophia Petrillo (la abuela) en la serie de TV “Las chicas de oro”.
     La Susi, una vez que la mujer inició la conversación, muy educadamente le siguió la misma y se interesó por ella, por su familia (sin ánimo de cotilleo, que quede claro)… En fin, ya se sabe: por todas esas cosillas que no tienen más interés que el de relacionarse y hacer amigas que, la Susi, en esas cuestiones, además de educada y cortés, es muy sociable.
    En esos escarceos primeros de la conversación se encontraban cuando, de repente, la viejita, indignada, le comentó que estaba cansada de su marido.
-  Mi marido no me comprende. Se queja de todo y por todo. Estoy harta.
       La Susi, confusa, no sabía por dónde salir. Solo acertó a decir, al fin, en un tono balbuciente:
-  Mujer…
-  Sí, sí… cortó la anciana con rotundidad. Y añadió:
- Ese viejo gordinflón no quiere moverse del sofá en todo el día –prosiguió con energía su compañera. Es como el perro del hortelano, que ni vive ni deja beber.
-  No, no, no -interrumpió la Susi viendo que la mujer equivocaba el dicho- que ni come ni deja comer -corrigió.
-   Mi acento no es muy bueno -continuó la mujer- pero llevo en España muchos años y conozco bien el idioma. Mi marido sí come ¡y mucho! Ya le han dado dos infartos y le han implantado un marcapasos. Dice que si viene a la piscina tiene miedo de que se le moje y le haga un cortocircuito. Y mi marido no vive la vida porque se la pasa encerrado todo el día en casa y tampoco quiere que yo beba ni una copa de anisete.
-        Además es un celoso increíble. No quiere que venga a la piscina porque teme que ligue.
     La Susi apenas pudo contener la risa a pesar de morderse la lengua con fuerza.
     - ¿A qué vas a la piscina?- me pregunta mi marido. ¿No los conoces ya a todos? –prosigue. Ud. me dirá –termina la anciana.
-   La Susi: (con aire picarón) Eso es que tiene miedo de que ligue. Eso es que la ve joven, mujer; eso está bien.
-  La anciana: (con aire sorprendido) ¿Ud. me ve a mí…? Quita, quita. Y se pone a cantar a viva voz: “Hace tiempo que no siento nadaAa…”
     A la Susi casi le da un ataque de risa.
-   La Susi: (tranquilizándola) ¡Quién sabe, mujer, quién sabe! Igual le gusta.
-   La anciana: (sonriendo con malicia) ¡Anda que si va y me gusta…!
-   La Susi: (socarrona) Pues ya sabe: entonces invita a su marido a que se alegre la vida.
-   La anciana: (con aire divertido) ¡Pero que dices, con el montón de pastillas que se toma al día!
-   La Susi: (a punto de explotar) Pues mujer, una viagra entre medias y…
-   La anciana: (riendo con franqueza) ¡Pero si tiene un marcapasos!
-   La Susi: Bueno, morir de felicidad tampoco está mal. (Y estalla en una sonora carcajada).
-  Quite, quite -dice con cierta vergüenza la anciana. Me voy a la piscina a ver si me desaparecen los dolores.
    

     P.D.: Me duele que la Susi tenga ese comportamiento con la gente, porque ella ha recibido una educación muy esmerada y rigurosa. Yo creo que son defectillos de juventud. Por otra parte, tampoco quiero darle demasiada importancia porque conociendo a la Susi, no me extrañaría que esta historia se la hubiese inventado para darse pisto.

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