Mi Santa es de esas mujeres tradicionales,
de las de toda la vida, que ya, desgraciadamente, no se llevan. De gustos
sencillos, coqueta, pero descatalogada. Se pasea por la vida a la antigua
usanza. Viste con naturalidad, se adorna con lo justo y siempre va
emperifollada cuando sale a la calle. En casa se relaja y prepara su aspecto
exterior. Es muy apañada y le gusta tener los rulos siempre puestos para que su
peinado esté a punto. La laca se la compra por bidones, creo yo. Desde luego,
no se le mueve un pelo de su sitio, ya haya vendaval en la tierra o galerna en
el mar. Se pasea por la casa con su bata de boatiné
y duerme con redecilla. De esta guisa no presenta un aspecto muy glamuroso,
ciertamente. Sus modelitos son de estilo clásico. A veces se los corta y cose ella
misma con una vieja “Singer”; y otras, le ayuda una amiga que hizo un cursillo
de corte y confección con CEAC, creo. Es frecuente escuchar a cualquier hora del
día el clásico ritmo mecánico de la vieja máquina de coser. Pero también se los compra “prêt-à-porter”
con el dinero que me sisa todas las semanas. Duerme con camisón en verano o con
pijama de franela en invierno y con los bigudíes puestos, lo cual invita a
soñar con prontitud con los angelitos.
El pelo lo tiene rubio, a mechas, y
confieso que realmente no sé de qué color es en verdad, porque siempre se lo he
conocido así. En alguna parte escuché que la mayoría de los hombres, a partir
de los 40 somos calvos y, las mujeres, en cambio, son todas rubias. Ella, desde
luego, es una precursora en esto de teñirse el pelo.
Se empolva la cara con mucho mimo y
dedicación y, reserva, generalmente, un viernes al mes por la tarde para ir a la
peluquería. Allí está en su ambiente. Coincide con sus amigas, cotillea las
revistas de moda (aunque no la siga nunca), se entera de los chascarrillos y de
la vida social de los famosetes del momento y critica todo lo que se le pone
por delante. Son los dulces momentos en que aprovecho para hacer mis cosas y
ser yo mismo.
¡Libre, al fin!
Tu Santa, y con perdón, parece por momentos la mujer del Mariano, el personaje que aparece algunas veces en las viñetas de Forges.
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