domingo, 20 de enero de 2013

A veces me cuenta Pablo cosas que me estremecen. Bien por su categoría informativa, bien por su imprevista simpleza.
Me dice que tiene la costumbre de comenzar sus clases de "Lengua española”, -esa asignatura tan abstracta-, con una amplia sonrisa. Para ello ha instituido entre sus alumnos la obligatoriedad (o la costumbre) de que diariamente se turnen un cuaderno en el que apuntan un chiste dialogado. El último que yo conozco contaba lo que sigue:

“Este es un chico que llega a casa, procedente del colegio y, al abrir la puerta, dice:
- Mamá, pan.”
(Y la mató).

Me ha causado una fuerte impresión. Evidentemente, no por su dificultad cognitiva, -claro está- sino, más bien,  por su simpleza interpretativa. Y porque lo había escrito un alumno con “Síndrome de Down”.
Emocionante.

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