A veces me
cuenta Pablo cosas que me estremecen. Bien por su categoría informativa, bien
por su imprevista simpleza.
Me dice que
tiene la costumbre de comenzar sus clases de "Lengua española”, -esa
asignatura tan abstracta-, con una amplia sonrisa. Para ello ha instituido
entre sus alumnos la obligatoriedad (o la costumbre) de que diariamente se turnen
un cuaderno en el que apuntan un chiste dialogado. El último que yo conozco contaba
lo que sigue:
“Este
es un chico que llega a casa, procedente del colegio y, al abrir la puerta,
dice:
- Mamá,
pan.”
(Y la
mató).
Me ha causado
una fuerte impresión. Evidentemente, no por su dificultad cognitiva, -claro
está- sino, más bien, por su simpleza
interpretativa. Y porque lo había escrito un alumno con “Síndrome de Down”.
Emocionante.
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