Dice que ahora los chicos no son
nada creativos. Por eso no hay escritores jóvenes (salvo excepciones), por eso
la literatura no triunfa (?) Cuando llegan tarde, las más de las veces no
entran en clase. Son incapaces de hacer frente a sus faltas o justificar sus
retrasos, siquiera con un poquito de imaginación. Ya no te dicen aquello de:
“Profe, no te lo vas a creer, pero es que esta mañana, cuando salía de casa...”
En aquel entonces, me dice Pablo,
enarcabas las cejas y con un leve tono irónico le soltabas: ¿Sí? ¿No me digas?
Y a partir de ese momento, el
alumno, como un kamikaze, se lanzaba a tumba abierta a la (re)creación
literaria más o menos improvisada, dispuesto a lograr tu total aprobación.
Acostumbraba a no colar pero, si
el alumno tenía la habilidad suficiente y el desparpajo requeridos, aquello
podía llegar a ser un best seller en
el patio del recreo.
Ahora, no –dice rotundo-. Ni se
molestan en engañarte. Les falta pillería, interés social, son indolentes,
apáticos... ¿Sabes lo que les mueve? –me pregunta retóricamente. Pintar paredes
con enormes grafitis despersonalizados –se responde. Yo me quedo con las pintadas
que hacíamos en los pupitres -añade- aunque luego nos tocara limpiarlas. Eran
más propias o, si se quiere, más íntimas. “Pablo ama a Maribel”. “Pepe por Ana”.
A veces, las paredes parecían una enorme tabla de multiplicar. Y todo, todo,
estaba lleno de corazones heridos por flechas lacerantes (premonición del poco caso
que nos hacían las chicas, que nos partían el corazón).
Las pintadas de los baños eran un
poco escatológicas, la verdad, pero algunas
tenían su punto. Por lo demás, respetábamos el mobiliario urbano.
Tonto el que lo lea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario