Mi Santa ha sido capaz de poner de los
nervios al gerente de la autoescuela, a su profesor e incluso a un guardia que
estuvo a punto de multarla por saltarse un semáforo. Por suerte, su instructor
tuvo la habilidad de saber convencer al funcionario de que era un lance sin más
importancia en el aprendizaje de las normas de circulación automovilística y de
que ella era apenas una novata. En fin, pelillos a la mar.
El asunto de los cambios de
marcha nunca ha sido su fuerte. Ella cree que como sus toallas son suaves y no
rascan, tampoco lo hará la caja de velocidades aunque no pise a fondo el
embrague. Y no es así, claro. De modo que cuando dejó, finalmente, la
autoescuela, con su rutilante carnet de conducir en la mano, creo que le
abrieron las puertas de par en par y le pusieron una alfombra roja, incluso, -no
como muestra solemne de respeto-, sino para que se fuera más rápidamente y no
causara más estropicios. Su carnet me ha salido por un por un ojo de la cara,
tanto por los destrozos causados que tuve -¡obviamente!- que pagar, como por
las repeticiones, derechos de matrícula, renovaciones de papeles, clases
extras...
Lo pasado, pasado. Al final, yo bromeaba
con mi mujer (aunque está visto que las bromas las carga el diablo) y le decía
que, en los semáforos, si la luz estaba en rojo para los peatones y estos
cruzaban, en caso de atropello se obtenían “bonus” en el carnet de conducir.
Ella reía abiertamente. Naturalmente que nunca se lo creyó. Pero un buen día en
que viajábamos, -ella al volante, con la “L” recién estrenada, y yo de copiloto-,
le dio repentinamente un ataque de risa (y para mí que visionó nítidamente la
imagen de la que anteriormente he hablado), apretó los dientes, sujetó con
firmeza el volante y enfiló con decisión hacia un viejecito que se aventuró en
la travesía, al grito de “esto lo pagan doble, ¿no?”.
Reaccioné con presteza y evité el
atropello, pero no la colisión con el semáforo. Nada serio. Apenas un leve
toque. El susto fue, sin embargo, morrocotudo. Y es que no se le pone nada por
delante a esta mujer de rompe y rasga.
Ni siquiera las farolas.
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