Aunque hoy puedo pasar perfectamente por
un honrado padre de familia, serio, trabajador, responsable... –y lo soy- de niño yo era un chico muy
travieso que si no se hubiera corregido, hoy podría ser un bala perdida.
Para empezar, tenía dos coronillas, lo
cual, en el saber popular de la época, era una especie de signo premonitorio
que te marcaba como un niño, cuando menos, revoltosillo y predestinado a
gamberradas. Ya las abuelas, (tanto maternas como paternas), ya los parientes (todos,
absolutamente todos), ya los amigos de los parientes y mucha gente bien pensada en
general, te decían cuando reparaban en ello: “¡Huy..., fíjate, (y entonces marcaban notablemente la interjección, paladeándola), tiene dos
coronillas!" (y se quedaban tan panchos). "Y además, tiene una cara de travieso...” (añadían para que, indubitablemente, se apreciara su gran descubrimiento). A mí, aquello me parecía
algo meritorio. Al menos, por un rato, eras el centro de atención de todos. Con tales
características, con aquellas extraordinarias dotes personales, estabas de alguna manera
obligado a cumplir con las expectativas que te habían pronosticado. No podías
defraudar, así que tenías que ponerte manos a la obra y cumplir con las altas
metas para las que habías sido designado.
Luego de haber realizado alguna calaverada,
lejos de felicitarte, te recriminaban tu actuación. Parecías muy simpático
cuando prometías; sin embargo, una vez habías cumplido con los vaticinios de
aquellos bien pensantes, todo eran críticas, imprecaciones varias, exhortos,
reconvenciones, amonestaciones y castigos, muuuchos castigos. Por eso, porque
los mayores te enviaban mensajes contradictorios, porque por un lado reían tus
gracias y por otro te auguraban el futuro, -tú-, cuando
cumplías, cuando realizabas los sueños proféticos de todos aquellos que te
halagaban, cuando les elevabas a la categoría de adivinos oficiales (¡si ya te lo decía yo! - clamaban muy
dignos), te trataban con desdén, como a una excrecencia social, como a un
apestado.
Por eso, si no me pasé al lado oscuro entonces,
solo fue porque Dios no quiso.
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