No siempre vamos al pueblo de
vacaciones, pues mi mujer, a pesar de ser tan tradicional, también gusta de la
modernidad y del desarrollo turístico. ¿Y a que no os imagináis dónde me lleva?
Pues, naturalmente: a Benidorm, que es un destino turístico con mucho ambiente.
Tiene su amiga Puri un coqueto
apartamento situado en 4ª línea de playa (para los que conozcáis Benidorm, por
la zona “guiri”) que nos alquila a precio de amiga.
La verdad es que ambiente, hay.
Todas las mañanas bajamos a la playa. Y digo lo de bajar porque aparte del
descenso vertiginoso de pisos (29 alturas) hay una cuesta bastante larga y
pronunciada para llegar.
Yo alquilaría una sombrilla y dos
tumbonas, pero ella que es muy ahorrativa prefiere que cojamos las nuestras y
nuestro parasol porque “me da cosa echarme en esas tumbonas de la playa, que
vete tú a saber...”.
De modo que he comprado en la
ferretería un carrito, expresamente fabricado, para bajar todos los enseres
necesarios. Es decir: sombrilla, las dos mencionadas tumbonas, la mesita, la
bolsa playera cargada de toallas, cremas, leche solar protectora de alto
factor, crema “after sun” y la nevera, “porque... querrás tomarte una cervecita
fresquita, ¿no?” (Hombre, bien mirado es todo un detalle. Qué duda cabe). Y
así, ella enfundada en su pareo playero, con una pamela enorme, gafas de sol
tipo celebrity de incógnito y sus chanclas; y yo, camiseta tipo
“tres-cuartos”, larga a más no poder (para tapar mis vergüenzas, supongo),
gafas de sol de espejo, un meyba años 70, chanclas y un sombrero estilo Al
Capone años 20, nos lanzamos a conquistar un pedacito playero con permiso de
los madrugadores que tienen acotada la primera línea de playa.
Después de comer, siesta. Con el
beneplácito de los vecinos, naturalmente. Y dormir por la noche dependerá de
cómo vengan aquellos de alegres y de que tengan ganas o no de entonar –a voz en
grito- canciones de su tierra.
Una noche, parece ser que había
fiesta en el piso de arriba y no podíamos dormir. Viendo que mi mujer estaba a
punto de perder los nervios, subí donde los vecinos, dispuesto a dialogar con
ellos. Llamé a la puerta y al rato me abrió un mocetón ataviado con camiseta de
tirantes, pantalón corto y un vaso en la mano. Le dije en un perfecto inglés
que no eran horas, que hacían mucho ruido y que... pero no pude terminar porque
me enganchó enérgicamente del brazo y me hizo pasar adentro. Noté que tenía un
fuerte acento escocés, tipo JB, así que comprendí que sería difícil hacerme
entender. Pensé lo que siempre me había enseñado mi padre: “Si no puedes con tu
enemigo, únete a él”. Dicho y hecho. Después de beber un par de güisquis,
yo también había cogido el acento escocés. A partir de ese momento nos
entendimos la mar de bien y yo acabé con un gorrito en la cabeza, abrazado a
una rubia despampanante y lleno de confeti.
Se ve que a mi mujer se le hizo
muy larga la espera y subió dispuesta a rescatarme. Me encontró en pleno
diálogo con mi acompañante. Me separó de ella con un empujón y me dijo unas
palabras que no me parecieron muy cariñosas y que no entendí bien porque
hablaba un poco raro. Me acuerdo que le contesté:
-“Cadiño, (hips), no es ho que padece”.
Ya no decuerdo bada más. ¡Hips!
-“Cadiño, (hips), no es ho que padece”.
Ya no decuerdo bada más. ¡Hips!
Como has podido comprobar, no hay nada como una vacaciones estivales en pleno centro "guiri" de Benidorm. Me ha parecido ver un cierto landismo setentero en tu historia, que se agradece, hombre, ya lo creo, con ese repetido hips fruto del amigo escocés, conocido por las siglas JB. Lo de "despampanante" merecía (a mi modesto entender) una descripción más amplia, más que nada porque no quede todo a la imaginación del lascivo lector. Deseo, y espero, que haya una 3ª parte de estas aventuras, no sé, una salida nocturna con tu santa por esos barrios benidormenses, por poner un ejemplo.
ResponderEliminarHola, Nicolás:
EliminarComo siempre, tus comentarios son muy bienvenidos y, supongo, acertados. Efectivamente, hay un cierto aire landista. ¿Qué esperabas tú de un carrozón educado (es un decir) en esa época? Habría de salir esa vena tarde o temprano. Recojo tu argumenntario y, aunque no prometo nada, veré que se puede hacer. Deja que hable con Antón, a ver qué dice.
Disfruta de la playa, del tenis... (quizás sea este el último año). Y no abuses del contrario -¡pobrecito!- o tendrás que vértelas con alguien de tu nivel (conmigo, por ejemplo. Es broma, claro.
Un saludo.
Antón Hernández
P.D.: Lo de la "despampanante" queda -definitivamente- a gusto del consumidor. Ahora que vuelven (?) los rombos no seré yo quien ponga puertas al campo de la imaginación.