domingo, 22 de septiembre de 2013

A régimen

     La vida es un bucle continuo, un “déjà vu” permanente. Todos los años igual, siempre la misma canción. Tras los excesos de Navidad y de sus fiestas, llegan  el arrepentimiento y los golpes de pecho por esos kilitos de más cogidos con total impunidad a base de turrones, mazapanes y toda clase de ricas tentaciones dulces y desparrames varios.
     Tengo la grandísima suerte (todo hay que decirlo) de no tener tendencia a engordar. Mi mujer dice que soy “el espíritu de la golosina”. Y es cierto: por más que como, apenas se me nota. No así a ella que, en cuanto comete algún pequeño exceso, la báscula le pasa factura. Tampoco es que esté gorda, solo un poco rellenita, -a ver si me entendéis-, pero sí de buen ver, que decía mi abuela.
     Lo intenta todo para eliminar las redondeces de su cuerpo; lucha a brazo partido por recuperar su figura. Acude a todos los regímenes, dietas, consejos, trucos de adelgazamiento que conoce (el de Montignac, la dieta disociada, el método Dukan, la de la alcachofa...), llama a sus amigas para enterarse de las dietas más al uso, se hace mil juramentos y promesas varias.
     Doy fe de que lucha, pero su voluntad es débil y el chocolate le puede. A “mi Susi” la mira con envidia -¡qué le vamos a hacer!- porque es joven y tiene un tipito "im-presionante" (en dos palabras). Así que cuando estamos juntos se pone de los nervios y, aunque quiere controlarse, le asoma la venita de los celos.
     Entonces, llegadas las cosas a ese punto de “no retorno”, de casi derrota, ataca con toda su artillería. Es decir, aquí entro yo en juego para resolver el problema, su problema. No sé cómo seréis vosotros, pero en mi familia todos (?) somos muy, pero que muy “solidarios”. De modo que, como os decía, toma las riendas y decide que, para ponerse en forma, hemos de estar todos a pan y agua.
     Es el momento en que tooodas las “ratas del barco” desaparecen. Mis hijos ya no vienen a comer, caso de que anden por aquí cerca; la Susi se evapora (ella no está por la labor de estrecheces alimentarias). Pablo se excusa si le invitamos a comer (conoce el paño). Y yo, que no puedo esfumarme, aguanto resignado.
     Paso hambre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario