Hoy celebro
mi cumpleaños. Como cada año, recibo las habituales felicitaciones de familiares
y amigos: Pablo, la Susi, mi Santa, mis cuñados/as, mis sobrinos/as, mis
seguidores/as, mis hijos... ¿Mis hijos? ¡Ah, pues va a ser que no! Solo he
recibido la felicitación de uno de ellos: la del liberal, la del que va por
libre. Pero no ha venido a casa a celebrarlo y a comer con nosotros porque
estaba muy liado ¡Mira tú por dónde! Del de tendencias perroflautiles no me
extraña mucho, no. Va a su bola, ya se sabe. En cambio, su novia, sí ha tenido
el detalle de mandarme un correo electrónico con su correspondiente postalica.
¡Qué “ilu”! (En fin, vaya lo uno por lo otro).
Yo siempre he
dicho que calladito estaría más guapo a veces. Y es que se me ha ocurrido
hacerle un comentario, así, como de pasada, a mi mujer, en plan “pues qué pena que no estemos todos...”
o “el de Barcelona no se ha acordado...”
y tal, cuando mi Santa me ha saltado al cuello en defensa de sus hijos, como no
podía ser de otra manera (?).
-Eres un egoísta,
-me echa en cara. Solo piensas en tus cosas. ¿Qué crees?, ¿que no te quieren?
Pues que sepas que siempre te tienen en su pensamiento y bla, bla, bla.
- Pero si yo...
solo era un simple comentario... –replico sin mucha confianza en ser escuchado
(y aún menos de ser tenido en cuenta). ¿Es que uno ya no va a tener derecho ni
a protestar siquiera un poquito, aunque sea en plan “light”? ¡Que es mi
“cumple”!, ¡que es mi día...!
Ni por esas.
Además, con muy mala sombra, ya se ha encargado de recordarme que soy un año
mayor, aunque he de reconocer que me lo ha dicho en plan suave y cariñoso, pues
me ha cantado el Cumpleaños Feliz
mientras sacaba del frigorífico una tarta de fresas con nata y almendra (mi
favorita), aunque no ha olvidado poner una sola vela -bien
grande, por cierto- en el centro.
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