María Antonia y Juan Luis se quieren. Están
muy enamorados. Y como todas las parejas, salen juntos los domingos, pasean por
el parque, van al cine, se hacen arrumacos y dejan ver su amor por donde quiera
que van. Y, como todas las parejas de enamorados, planean su futuro. Ellos,
tras un largo periodo de noviazgo, han decidido –por fin- casarse. Ahora tendrán
que comunicárselo a sus respectivas familias. Les asaltan las dudas sobre si les
aceptarán mutuamente. Como son tan conservadores, ¿se lo tomarán bien? Ella es algo mayor que él y esto puede ser un obstáculo
según su opinión. Él no es de “buena” familia, así que tal vez sea rechazado
por la de ella. Lo peor quizás sea el golpe emocional que recibirán sus hijos al
saber la noticia de la boda. Claro que, estos, con casi sesenta años de edad,
no deberían sorprenderse de nada.
-“Teníamos que regularizar nuestra
situación por el bien de los niños, no queríamos darles ningún disgusto” -han dicho
los novios para justificar el retraso de su decisión. Todo sea por el bien de ellos –han
añadido finalmente.
Era una decisión muy seria, ciertamente.
Era una decisión muy seria, ciertamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario