La Susi, como ya os he contado, tiene un alma eternamente infantil. Sin embargo, es muy madura, no os quepa la menor duda; pero tiene la candidez, la ingenuidad y el espíritu rayanos con los de esos seres que padecen el síndrome de Peter Pan y que se niegan a crecer porque quieren ser niños por siempre jamás.
En su diario había escrito este cuentecillo tan pueril, tan simple, tan... -no sé bien como decirlo- tonto, quizás. Me quedé sorprendido y preocupado a un tiempo. ¡Había imitado la letra de un niño con tanto esmero...! Los dibujos tenían el trazo suelto, pero eran totalmente planos. A mí me pareció que había querido identificarse con aquella niña que reflejaba en su cuento hasta tal punto que escribió como una niña, dibujó como una niña, pensó como ella y sintió igualmente a través de los textos (aclaro que en la viñeta que hay tras la pesadilla, por fin consigue hacerse mayor como deseaba, pero llega a la meta para cumplir ¡37 años!). Como dice al final, menos mal que solo fue un sueño. ¿No es un encanto esta chiquilla? Y aún mi mujer se sorprende de que la quiera tanto.

Me temo que soy el único seguidor de tu magnífico blog, ya que parece que soy el único que te hace comentarios, quitando a ese anónimo que figura en algún comentario anterior.
ResponderEliminarLa dualidad narrativa entre Pablo y la Susi me tiene intrigado, aunque hoy la Susi con ese cómic me ha encogido el corazón por su sencillez (esa herradura, esas onomatopeya, por citar algún elemento)y ha hecho ganar enteros en mi ingenuo corazón. Quizás porque el anterior, el de Pablo, ya me lo conocía, por ser ambos del mismo gremio.
Te confieso que espero ansiosamente las nuevas vicisitudes de Pablo y la Susi.