domingo, 15 de julio de 2012

     Los viajes en avión nos proporcionan multitud de situaciones pintorescas, curiosas o al menos, dignas de recordar.
     Viajar en un avión repleto y que te toque al lado una familia con niños pequeños, maleducados, mal educados o, simplemente, asilvestrados, es de las peores cosas que te pueden ocurrir.  Nótese bien que he dicho “de las peores cosas que te pueden ocurrir”, que no la peor porque, que los niños se peleen, griten, lloren, te empujen el asiento a base de golpes, patadas y demás -cada dos por tres- es desagradable, qué duda cabe. No obstante, siempre tienes la posibilidad de solicitar de los progenitores un poco de atención hacia sus hijos, hacerles notar tu malestar y tu desagrado o ponerles cara de póker (lo escribo con “k”, porque me parece a mí que así es más duro e impresiona más) a los simpáticos papás de tan desmadrados retoños como diciéndoles “si suelto el animal que llevo dentro…”.                                   
     Como último recurso también puede uno chivarse a la azafata, aunque en este caso dejas patente que lo de la cara de póker era tan solo un farol y te han guipado la jugada. Puede ser que, después de todo, no te hagan mucho caso y al cabo de un rato vuelvan a la carga pero, al menos, te habrán dado una tregua.
     Hay otro caso nada baladí: que te toque cerquita un bebé llorón. Aquí no vale ninguna de las estrategias anteriores. Toca aguantarse y rezar para que se duerma pronto. Generalmente la paciencia tiene su recompensa al poco tiempo, pues el infante acaba finalmente agotado y duerme plácidamente el resto del viaje. Si no, escuchar una buena dosis de música de tu mp3 puede ser el remedio a tanto desasosiego.
         

1 comentario:

  1. Otra alternativa es esconderse en el lavabo, tampoco serías el primero. A veces, también funciona un cachete a escondidas, sin que te vean sus pacientosos progenitores. Aunque, pensándolo bien, lo del mp3 funciona, te lo digo por experiencia, pero contra las agresiones físicas de los púberes, lo mejor es una buena "cogollita" seguida de una mirada con los ojos muy abiertos, como de asesino múltiple.

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