domingo, 17 de marzo de 2013

         Los Departamentos Didácticos, otrora llamados Seminarios, son reuniones que se celebran en los institutos con carácter periódico y que tienen como objetivo abordar asuntos relacionados con el desarrollo de la enseñanza en el centro, dicho así, en términos generales.
      Según me cuenta Pablo, hay muchos Departamentos: tantos como asignaturas o casi. Tampoco me vayáis a hacer mucho caso, que a veces me pierdo entre la marea de nombres que me da.
       He podido comprender (si esto lo lee un docente y encuentra algunas inexactitudes, que me perdone, que no era mi intención), que en estas reuniones se promueve la investigación educativa, se tratan actividades escolares, se mantiene actualizada la metodología educativa, se realizan propuestas de mejora… En fin, para mí que casi solamente entiendo de balances y facturas, un rollo macabeo.
       Me decía que hay una especie de encargado de coordinarlo, un Jefe de Departamento, digamos. Hay departamentos en que todo está rigurosamente estructurado: hay un día de reunión, con su hora establecida,  con el orden del día bien anunciado… y donde nada se deja al albur. La rigidez es la norma; la seriedad impera.
      Sin embargo, otros se lo toman de manera más tranquilita: reunión en la cantina, relajaditos, toma de decisiones delante de un bocadillo y un refresco o un café. Risas y bromas entre propuesta y propuesta. Nada que ver.
     Hay, también, algún grupo donde las reuniones no se celebran de una forma casi tan veraniega, ni tampoco con la rigidez prusiana de los primeros. Es, digamos, una tercera vía. En estos grupos se habla, se debate, hay vidilla. Pablo los mira y sonríe. Dice que le recuerdan una película de los geniales Monty Python, La vida de Brian, en la que el Frente Popular de Judea (metáfora de los miembros del departamento) discute de forma tan acalorada como bizantina sobre el sexo de los ángeles (es un decir), en tanto que alguno de sus componentes hace una fotocopia, otro llama por teléfono y un tercero busca en el ordenador alguna información. Al final, todos consensúan las decisiones sin que ninguno de ellos las siga al pie de la letra. Puede, incluso que, al cabo de dos o tres semanas, ni recuerden aquello que acordaron.
     ¿Descorazonador? Quizás. O tal vez sea solo un ejemplo de la vida misma. 

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