domingo, 8 de septiembre de 2013

El Feng Shui

    Desde que mi Santa comenzó a asistir a clases de decoración al estilo Zen, nuestra casa perdió su personalidad y adoptó otra con un aire marcadamente más oriental. También en aquella época leyó revistas y libros que trataban del Feng Shui. Desde entonces duermo muy mal y descanso poco, pero mi vida está llena de armonía y equilibrio.
     Las bonitas macetas que adornaban nuestra terraza las sustituyó por un puñado de arena, dos hojillas y un chirimbolo. El espejo de “Tía Eduvigis”, regalo de boda, salió pitando de la habitación porque, según el Feng Shui, favorece “infidelidades” y la intromisión  de terceros (?) en la vida familiar (¿habrá alguien debajo de la cama o dentro del armario?).
     Así, en mi casa todo está impregnado de la filosofía del Feng Shui y de la decoración Zen. Las paredes del dormitorio las ha revestido de papel pintado con motivos japoneses en los que se vislumbran escenas populares de casas y barcas en tonos suaves. Para mí que su estilo es un tanto “sui géneris” y bastante ecléctico.
     Y de la cama, ¿qué decir? Teníamos una de “1.35” de hierro forjado, en la que, descansar bien, lo que se dice bien, no descansaba porque, como yo soy delgadito (y aunque mi mujer no está gorda, sí tiene un pelín de sobrepeso), siempre acababa encima de ella por culpa de “la teoría del plano inclinado”. En invierno tiene un pase, pero en verano la cosa se ponía de un calor insoportable y pegajoso.
     Dice mi Santa que es importante elegir bien la situación del dormitorio dentro de la casa. Y más aún, ubicar la cama en la habitación.
     Como lo primero no tiene remedio, nada se ha podido hacer. Cambiar el dormitorio y ponerlo en el salón, como que no, aunque esté al oeste y nos dé “mucha felicidad y armonía”.
     Si hubiéramos colocado el dormitorio donde actualmente tenemos la cocina, tendríamos “mucha suerte”, ya que está orientada al este. Pero el dormitorio en la cocina...
     Ni hablar de reubicarlo al sur, pues nos cargaríamos de energía negativa. ¿Y al norte? Mmmm... tenemos el baño. Demasiado pequeño e incómodo.
    Así las cosas, mi mujer -siempre muy imaginativa- encontró la solución ideal: compró una cama redonda con un sistema giratorio. De esta forma, cuando queremos  encontrar felicidad y armonía, nos acostamos mirando al oeste. ¿Que estamos ansiosos por descansar bien y encontrarnos en forma en el trabajo? Un pequeño giro a la manivela y a mirar al noroeste, pues habremos entrado por la “Puerta Celestial” (¡no te fastidia...!)
     Y mi Santa, caprichosa como es, cambia de posición cada día para poder disfrutar de todos y cada uno de los efectos benéficos que nos regala el Feng Shui.
     Tengo que comprarme una brújula para saber hacia dónde apuntan cada día mis pies.
     Además, me estoy mareando.

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