Desde
que mi Santa comenzó a asistir a clases de decoración al estilo Zen, nuestra
casa perdió su personalidad y adoptó otra con un aire marcadamente más
oriental. También en aquella época leyó revistas y libros que trataban del Feng
Shui. Desde entonces duermo muy mal y descanso poco, pero mi vida está llena de
armonía y equilibrio.
Las
bonitas macetas que adornaban nuestra terraza las sustituyó por un puñado de
arena, dos hojillas y un chirimbolo. El espejo de “Tía Eduvigis”, regalo de
boda, salió pitando de la habitación porque, según el Feng Shui, favorece
“infidelidades” y la intromisión de
terceros (?) en la vida familiar (¿habrá alguien debajo de la cama o dentro del
armario?).
Así,
en mi casa todo está impregnado de la filosofía del Feng Shui y de la
decoración Zen. Las paredes del dormitorio las ha revestido de papel pintado
con motivos japoneses en los que se vislumbran escenas populares de casas y
barcas en tonos suaves. Para mí que su estilo es un tanto “sui géneris” y
bastante ecléctico.
Y
de la cama, ¿qué decir? Teníamos una de “1.35” de hierro forjado, en la que,
descansar bien, lo que se dice bien, no descansaba porque, como yo soy
delgadito (y aunque mi mujer no está gorda, sí tiene un pelín de sobrepeso),
siempre acababa encima de ella por culpa de “la teoría del plano inclinado”. En
invierno tiene un pase, pero en verano la cosa se ponía de un calor
insoportable y pegajoso.
Dice
mi Santa que es importante elegir bien la situación del dormitorio dentro de la
casa. Y más aún, ubicar la cama en la habitación.
Como
lo primero no tiene remedio, nada se ha podido hacer. Cambiar el dormitorio y
ponerlo en el salón, como que no, aunque esté al oeste y nos dé “mucha
felicidad y armonía”.
Si
hubiéramos colocado el dormitorio donde actualmente tenemos la cocina,
tendríamos “mucha suerte”, ya que está orientada al este. Pero el dormitorio en
la cocina...
Ni
hablar de reubicarlo al sur, pues nos cargaríamos de energía negativa. ¿Y al
norte? Mmmm... tenemos el baño. Demasiado pequeño e incómodo.
Así
las cosas, mi mujer -siempre muy imaginativa- encontró la solución ideal:
compró una cama redonda con un sistema giratorio. De esta forma, cuando queremos encontrar felicidad y armonía, nos acostamos
mirando al oeste. ¿Que estamos ansiosos por descansar bien y encontrarnos en
forma en el trabajo? Un pequeño giro a la manivela y a mirar al noroeste, pues
habremos entrado por la “Puerta Celestial” (¡no te fastidia...!)
Y
mi Santa, caprichosa como es, cambia de posición cada día para poder disfrutar
de todos y cada uno de los efectos benéficos que nos regala el Feng Shui.
Tengo
que comprarme una brújula para saber hacia dónde apuntan cada día mis pies.
Además,
me estoy mareando.
No hay comentarios:
Publicar un comentario