domingo, 10 de febrero de 2013

Después de mucho tiempo, hoy he conectado la tele, cosa extraña en mí, ya que no soy un telemirón al uso. Me he enganchado, entre zapeo y zapeo interpublicitarios, a un programa de viejas glorias musicales. Hoy me he sentido muy, pero que muy mayor (me he dado cuenta de que me sabía todas las canciones). He constatado cómo el tiempo me sobrepasaba ampliamente. He visto un programa de televisión en el que entrevistaban a un cantautor del siglo pasado (¡cuánto tiempo!) cuyo nombre artístico recordaba al de un órgano (musical, se entiende).
Las mismas canciones de siempre, los mismos sonidos de siempre, -¡ay!- mas el desgaste del paso del tiempo dejaba su huella imperecedera en el cantante.
-          ¡Quién te ha visto y quién te ve, ciruelo. Ni sombra de lo que eras!
Les faltaba frescura a tus eternas canciones; les faltaba chispa, el empuje arrollador de los 20 años a tu interpretación, -sempiterna-, cuando te conocí, proveniente de aquel Gibraltar” (¡español!). Me miré en tu foto, me miré en tu recuerdo.  Me deprimí. Me abochorné y me acordé de unos duros y sentidos versos de Francisco de Quevedo:
“Miré los muros de la patria mía...”
Sentí ansiedad, me di cuenta de que nunca llueve en el sur de California.
No volveré a ver nunca más la tele.
“Never say never again”.
      Albert

1 comentario:

  1. Hay que reconocer que era su mejor canción y que marco una época en las radio fórmulas de la época, porque aquella de "Échame a mí la culpa" era un remake de una canción mariachi de Sr. José Ángel Espinoza Aragón ("Ferrusquilla"), que hizo estragos entre los/las adolescentes de los 70. Ahora está su hijo, el Hammond jr., en un grupo indie de éxito "The Strokes". ¡Cómo pasa el tiempo, joé!

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